Frente a una «nueva normalidad climática» que exige a Chile pasar de la reacción a la prevención, Balloon Latam ha desplegado el Índice de Resiliencia Comunal (IRC).
Esta es una herramienta que mide de manera objetiva el nivel de preparación de las comunas frente a emergencias en cinco dimensiones fundamentales: normativa, comunicaciones, infraestructura, equipamiento y personas. Con 42 indicadores, el IRC permite obtener un diagnóstico claro, identificar brechas críticas y construir hojas de ruta concretas para fortalecer la resiliencia local
Pero, ¿por qué es necesario el IRC? Una duda frecuente durante el proceso de presentación es cómo se diferencia esta herramienta de instrumentos oficiales, como la Encuesta de Factores Subyacentes del Riesgo del Servicio Nacional de Prevención de Riesgos y Desastres (Senapred). La respuesta es que son complementarios.
Mientras la primera identifica las vulnerabilidades y condiciones del entorno que originan el riesgo en un territorio, el IRC evalúa las capacidades institucionales a nivel municipal para prevenir, prepararse y responder ante esa emergencia.
Es una herramienta comparable que permite identificar brechas, entregar evidencia concreta para la toma de decisiones y la mejora en la gestión municipal ante riesgos y desastres, así como entregar orientaciones estratégicas para la inversión pública y privada en la materia.
Al analizar los datos consolidados de las comunas evaluadas en profundidad, los resultados muestran una alta disparidad: mientras comunas como Providencia (0.66) o San Clemente (0.64) lideran los puntajes altos del índice, zonas rurales o más pequeñas como Licantén (0.36) o Marchigüe (0.33) exhiben los puntajes más bajos.
Las fortalezas sobre las cuales construir
A pesar de las diferencias territoriales, el levantamiento de datos demuestra que los municipios han logrado asentar bases importantes, destacando principalmente en las dimensiones de Personas y Equipamiento:
● Servicios básicos asegurados: El 100% de las comunas evaluadas dispone de cobertura de servicios de extinción de incendios estructurales y transporte médico de urgencia (ambulancias) en sus territorios.
● Estructuras de mando operativas: El 85% de las comunas evaluadas ya tiene conformado su Comité Comunal de Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid) con integrantes base definidos.
● Disponibilidad de personal: El 92% de las municipalidades cuenta con funcionarios designados 24/7 para enfrentar emergencias, lo que demuestra un alto nivel de compromiso institucional.
● Planificación logística inicial: El 77% de las comunas evaluadas ya tiene preestablecido un listado de albergues y la ubicación de su Centro de Operaciones de Emergencia (COE) en sus planes.
Las brechas más significativas: Dónde se debe invertir
El diagnóstico también arroja debilidades transversales preocupantes, concentradas fuertemente en las dimensiones de Infraestructura, Comunicaciones y Normativa, revelando áreas donde la inversión es urgente:
● Infraestructura sin respaldo: La dependencia a los servicios centralizados es crítica. El 0% de las comunas evaluadas cuenta con sistemas de iluminación de emergencia en sus rutas de evacuación ni en los puntos de encuentro. Además, carecen de sistemas de detección de incendios en infraestructura crítica como los propios COE o bodegas.
● Falta de educación comunitaria y exclusión: Apenas el 8% de las comunas tiene un programa regular de preparación comunitaria. Peor aún, el 92% de las comunas evaluadas no contempla a personas con discapacidad en sus mecanismos de alerta temprana, evidenciando una grave falta de accesibilidad en la comunicación de riesgos.
● Nula continuidad operativa: El 92% de los municipios evaluados carece de un plan de continuidad para el funcionamiento de sus bodegas o centros de acopio esenciales frente a un desastre.
En relación a instrumentos de planificación con contextos general:
● Desconexión con el Cambio Climático: La adaptación climática no está integrada en la planificación de emergencias. El 0% de las comunas evaluadas cuenta con un Plan de Acción Comunal de Cambio Climático (PACCC) vigente a la fecha del estudio.
Asociado a la respuesta frente a una catástrofe:
● Cero gestión de voluntarios: A pesar de la solidaridad que caracteriza al país en los desastres, el 0%de las comunas evaluadas dispone de un procedimiento establecido para gestionar voluntarios espontáneos (incumpliendo la norma NCh-ISO 22319), lo que puede transformar la ayuda en un riesgo logístico.
El lenguaje del riesgo: comprender para prevenir
Detrás de cada cifra y cada indicador del Índice de Resiliencia Comunal (IRC) existe un marco conceptual que ayuda a entender por qué la prevención es clave. El riesgo no es un fenómeno aislado: surge de la interacción entre amenazas externas —como inundaciones, incendios o terremotos— y las vulnerabilidades internas de cada territorio, que pueden ser físicas, sociales, económicas o políticas. A esto se suma la exposición, es decir, el hecho de que comunidades y servicios se encuentren directamente en la zona de influencia de un evento.
Pero también existen las capacidades, las fortalezas institucionales y comunitarias que permiten reducir el impacto de un desastre: desde la organización social y el liderazgo local hasta la infraestructura disponible y la preparación logística. En esa ecuación, el riesgo se entiende como:
Amenaza × Exposición × Vulnerabilidad ÷ Capacidades o resiliencia
La gestión del riesgo de desastres busca precisamente equilibrar esta fórmula, pasando de la reacción a la prevención. No se trata solo de responder cuando ocurre una emergencia, sino de construir resiliencia de manera permanente, mediante un ciclo que incluye mitigación, preparación, respuesta y recuperación.
En este sentido, el IRC aporta evidencia concreta para que los municipios y las comunidades puedan identificar sus brechas y fortalecer sus capacidades. La prevención deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una hoja de ruta clara: invertir en sistemas de respaldo, educación comunitaria y adaptación al cambio climático es invertir en desarrollo sostenible y en la protección de vidas. Los datos que arroja respaldan una premisa fundamental: el riesgo no solo depende de la amenaza, sino de nuestras capacidades institucionales para hacerle frente. Hoy, las brechas se concentran en la falta de inversión en sistemas de respaldo, la educación comunitaria y la integración del cambio climático.

Como señala Sebastián Salinas, «Según estudios en la tematica realizados por el Banco Mundial, cada dólar invertido en prevención puede ahorrar hasta 16 dólares en respuesta y reconstrucción«. El IRC proporciona, por primera vez, la línea base exacta para saber en qué y dónde se debe invertir ese primer dólar para que el desarrollo local no retroceda con el próximo desastre.


