Tras la caída del Imacec de julio (-1,5%), el economista Jefe para el Cono Sur de J.P. Morgan, proyectó a la baja el crecimiento del PIB del tercer trimestre a -3,2%, lo que marcaría una tercera contracción trimestral consecutiva en la producción, sin minería, reforzando la visión de que la debilidad ya no se limita a sectores aislados, sino que pesa cada vez más sobre la actividad agregada.
La actividad se desplomó en julio. Y es que el doble golpe de una política fiscal más restrictiva y de precios de la gasolina más altos durante el segundo trimestre de 2026 (2T26) finalmente se transmitió a los servicios, un sector que había permanecido sorprendentemente resiliente durante gran parte del segundo trimestre, parte señalando en su análisis el economista Jefe para el Cono Sur de JP Morgan, Diego W. Pereira-Garmendia.
El retroceso se produce, además, en un contexto de debilidad continua en la manufactura y de prácticamente nula creación neta de empleo. De cara al futuro, sostiene que la pregunta clave no es si la actividad recuperará su impulso, sino cuánto tiempo persistirá la actual desaceleración cíclica antes de que el cada vez más favorable pipeline de capex (gastos de capital / inversiones en activos fijos) comience a ganar tracción.
“Determinar el momento de ese punto de inflexión, sin embargo, es notoriamente difícil a alta frecuencia”, precisa al respecto, el experto en Investigación Económica y de Políticas de J.P. Morgan.
El único desarrollo moderadamente alentador en julio fue el mercado laboral: la tasa de desempleo ajustada estacionalmente se mantuvo sin cambios en 9,3 %, aún en un máximo del ciclo, mientras que el crecimiento del empleo ha estado esencialmente estancado durante aproximadamente un año.

Pérdida generalizada de tracción económica
La actividad agregada se contrajo en julio, en línea general con las expectativas tras los muy débiles datos sectoriales publicados este lunes. La actividad cayó un -1,7 % m/m sa (mes a mes, estacionalmente ajustado), con el descenso impulsado principalmente por la minería y los servicios, que restaron 1,2 puntos porcentuales (%-pt) y 0,5 puntos porcentuales, respectivamente.
La actividad excluyendo minería retrocedió un -0,5 % en doce meses a julio, liderada por los servicios, después de registrar una modesta expansión de 0,2 % m/m en junio. Mientras tanto, la producción minera se desplomó un -9,4 % m/m sa, revirtiendo con creces la ganancia de 3,6 % m/m de junio y destacando una vez más la pronunciada volatilidad mes a mes del sector.
De acuerdo con el experto, las medidas de momentum (tendencia de corto plazo) pintan un panorama igualmente débil. Para julio, la actividad agregada se situaba en -2,7 % 3m/3m saar (tasa anualizada estacionalmente ajustada de tres meses sobre tres meses), mientras que la actividad excluyendo minería se ubicaba en -2,8 % 3m/3m saar, lo que subraya una pérdida generalizada de tracción económica que se extiende mucho más allá del volátil sector minero.
“En este contexto, revisamos a la baja nuestra estimación de crecimiento del PIB (producto interno bruto) del tercer trimestre a -3,2 % q/q saar (trimestre a trimestre, tasa anualizada estacionalmente ajustada), con la minería esperada a contraerse un -15,8 % ar (anualizado), y la actividad, excluyendo minería, declinando un -1,6 % ar”.
A juicio del analista de J.P. Morgan, de materializarse el escenario descrito, la actividad económica, marcaría una tercera contracción trimestral consecutiva en la producción excluyendo minería, reforzando la visión de que la debilidad ya no se limita a sectores aislados, sino que pesa cada vez más sobre la actividad agregada.

“A más largo plazo, sin embargo, seguimos viendo la desaceleración como cíclica más que estructural, particularmente dada la sólida pipeline de inversión que se espera se despliegue en los próximos trimestres. El desafío es determinar cuándo esos proyectos comenzarán a traducirse de inversiones anunciadas en actividad económica medible”, concluye Diego Pereira.


