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Enoturismo del Valle del Biobío: Una potente apuesta para empujar el desarrollo regional

Diversos sectores liderados por Corfo Biobío se unen para avanzar hacia un trabajo colaborativo con impacto en el sector vitivinícola y de enoturismo del Valle del Biobío. En un hito clave para el fortalecimiento productivo y turístico de la Región del Biobío, representantes de viñas, emprendedores, instituciones públicas y actores estratégicos del ecosistema vitivinícola se […]

Diversos sectores liderados por Corfo Biobío se unen para avanzar hacia un trabajo colaborativo con impacto en el sector vitivinícola y de enoturismo del Valle del Biobío.

En un hito clave para el fortalecimiento productivo y turístico de la Región del Biobío, representantes de viñas, emprendedores, instituciones públicas y actores estratégicos del ecosistema vitivinícola se reunieron en las oficinas del Comité Corfo Biobío para constituir formalmente la Gobernanza del Programa Territorial Integrado (PTI) Vitivinícola.

Posteriormente, y ampliando la mirada hacia la cadena de valor extendida del vino, se conformó también la Gobernanza del PTI Enoturismo, integrando a actores del sector turístico vinculados a la experiencia en torno al vino.

Este proceso, impulsado por el Comité Corfo Biobío marca un punto de inflexión en la articulación público-privada de un sector que ha demostrado ser estratégico para la diversificación productiva, el rescate patrimonial y el posicionamiento identitario del territorio.

Una visión estratégica para el sector

El PTI Vitivinícola del Biobío surge con el objetivo de fortalecer la competitividad, sostenibilidad y sofisticación de la industria del vino regional, con especial énfasis en pequeños y medianos productores, muchos de ellos asociados a cepas patrimoniales como la País y el Moscatel de Alejandría.

La región posee condiciones agroclimáticas únicas, una tradición campesina arraigada y un relato identitario que la posiciona como un territorio de vinos con historia, autenticidad y diferenciación.

En este contexto, Ximena Riffo, subdirectora del Comité Corfo Biobío, destacó que “el PTI busca abordar brechas estructurales del sector, tales como la limitada articulación comercial, la necesidad de mayor agregación de valor, la estandarización de procesos productivos, la profesionalización de la gestión y el fortalecimiento de la asociatividad. Asimismo, se propone mejorar la capacidad de acceso a mercados nacionales e internacionales, robustecer estrategias de comercialización y avanzar hacia modelos productivos más resilientes frente al cambio climático”.

La conformación de la Gobernanza permite establecer una instancia formal de coordinación estratégica, donde representantes de viñas, asociaciones gremiales, servicios públicos, actores del conocimiento podrán definir lineamientos, priorizar iniciativas y realizar seguimiento a la ejecución del programa. Este modelo promueve una toma de decisiones participativa y basada en evidencia, alineada con las necesidades reales del territorio.

Integrando experiencia, identidad y desarrollo local

En coherencia con la evolución del sector, el Comité avanzó también en la conformación de la Gobernanza del PTI Enoturismo, entendiendo que el vino no sólo es un producto, sino una experiencia cultural, gastronómica y territorial que puede conectarse con diversos negocios del territorio.

El enoturismo en el Biobío representa una oportunidad concreta para dinamizar economías locales, descentralizar la oferta turística y poner en valor el patrimonio rural. La articulación entre viñas, operadores turísticos, servicios de alojamiento, gastronomía local y municipios permite diseñar rutas, experiencias integradas y propuestas de alto valor agregado que conecten al visitante con la historia, el paisaje y la identidad del valle.

En la misma Línea, Ximena Riffo, destacó que “el PTI Enoturismo tiene como propósito estructurar y consolidar una oferta turística especializada en torno al vino, fortaleciendo capacidades en gestión turística, calidad de servicio, diseño de experiencias, comercialización digital y articulación territorial. Asimismo, busca posicionar al Biobío como un destino emergente de enoturismo a nivel nacional, complementario a otras zonas vitivinícolas del país”.

Los avances

La constitución de ambas gobernanzas no es un punto de partida aislado, sino el resultado de un trabajo sistemático desarrollado por el Comité en los últimos años, en coordinación con el Gobierno Regional del Biobío y actores del ecosistema productivo.

Entre los hitos más relevantes se encuentran los programas de aceleración y fortalecimiento empresarial orientados específicamente al sector vitivinícola. A través del programa Acelera, diversas viñas de la región han podido profesionalizar su gestión, optimizar procesos, mejorar su propuesta de valor y avanzar en estrategias de escalamiento comercial.
Jorge Venturelli, gerente Comercial de Haras Santa Amelia destacó que: «Debemos aprovechar estas instancias para vincular a los nuevos talentos con la industria. El desafío es integrarlos a la red de alojamiento y gastronomía local para asegurar que en cada mesa del Biobío siempre haya un vino de nuestra región.»

Gobernanza como herramienta de sostenibilidad

La creación de ambas gobernanzas responde a la convicción de que el desarrollo territorial sostenible requiere coordinación, visión compartida y compromiso de largo plazo. El modelo de PTI promueve precisamente esa lógica: articular actores, identificar brechas, priorizar iniciativas estratégicas y movilizar recursos públicos y privados en torno a objetivos comunes.

En el caso del sector vitivinícola, esto implica no solo mejorar indicadores productivos y comerciales, sino también preservar prácticas tradicionales, fortalecer el capital social rural y proyectar una imagen coherente del Biobío como territorio vitivinícola con identidad propia.

En el ámbito del enoturismo, la gobernanza permitirá ordenar la oferta, evitar la dispersión de esfuerzos y consolidar una narrativa común que posicione al valle como destino emergente. La integración entre producción de vino y experiencia turística amplifica el impacto económico, genera empleo local y favorece la diversificación de ingresos para pequeños productores.

Alex Quevedo de Viña Malvoa en San Rosendo destacó ser parte de la iniciativa, porque “nuestra tierra, nuestra Región, tiene una historia vitivinícola única y cepas ancestrales que están captando la atención de los mejores restaurantes del mundo. El éxito de nuestro primer vino con enólogo, premiado en Europa, demuestra que el relato y la calidad son fundamentales para posicionar al Biobío en el mercado global.»

Proyección y desafíos

Con la formalización de estas instancias, el Biobío avanza hacia una etapa de mayor madurez institucional en torno al vino y al enoturismo. Los desafíos futuros incluyen consolidar la marca territorial, fortalecer la trazabilidad y calidad del producto, profundizar la internacionalización y avanzar en certificaciones que refuercen atributos de sostenibilidad y origen.

Asimismo, será fundamental continuar fortaleciendo la asociatividad entre productores, integrar nuevas generaciones al sector y promover la innovación enológica y turística sin perder el carácter patrimonial que distingue a la región.

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