G-Strata posee una ventaja competitiva única: quince años acumulando datos geofísicos exclusivos para entrenar sus modelos de inteligencia artificial propios.
En un escenario global marcado por la creciente crisis hídrica y la necesidad de soluciones tecnológicas precisas, la empresa chilena G-Strata ha emergido no sólo como un referente en geociencia, sino como un actor disruptivo en el ecosistema deeptech.
Desde Concepción y con más de 15 años de trayectoria, la firma ha pasado de ser una consultora de exploración sísmica a consolidarse como un desarrollador de tecnología propia, integrando inteligencia artificial (IA) y geofísica para abordar uno de los desafíos más urgentes del mundo: la gestión eficiente de los recursos hídricos.

G-Strata se define a sí misma como una empresa líder en geociencia y deeptech, que se distingue por combinar tecnología de vanguardia, rigor científico y resultados de campo comprobados. Bajo el liderazgo de su CEO y fundador, el geofísico de la U. de Concepción Jorge Jiménez Arriagada, la compañía ha roto el paradigma tradicional de las empresas de servicios. “A diferencia de las empresas tradicionales de geociencia, no sólo ofrecemos servicios, sino que desarrollamos tecnología propia”, explica Jiménez.

El origen: De la minería al ‘terremoto’ de la innovación
La de G-Strata es, en gran medida, una historia de adaptación. Su fundador inició su camino en la gran minería chilena durante la década de los 2000. Sin embargo, el punto de inflexión ocurrió tras el terremoto de 2010. Jiménez relata cómo el desastre natural abrió una necesidad técnica inexplorada: “Identifico una brecha que se venía para el tema de lo que es la clasificación sísmica para las construcciones y me adelanto y compro los primeros equipos de ese tipo para internarlos en Chile”.

En general, la adquisición de cada uno de estos equipos implica una inversión inicial de alrededor de US$100 mil, por lo que, en un inicio, la empresa postuló a diversas líneas de financiamiento público, de entidades como CORFO.
La capacidad de anticipación tecnológica les permitió participar en proyectos de gran escala, como la construcción de parques eólicos en el norte de Chile, realizando estudios cruciales de terreno. No obstante, el verdadero salto estratégico llegaría años después, cuando la empresa, ya con un equipo consolidado en el que destaca el CGO Diego Cartes Villagrán, giró su mirada hacia la crisis hídrica global.

La vanguardia tecnológica: SEMq-1 y el valor de los datos
El núcleo de la actual propuesta de G-Strata reside en su sistema patentado SEMq-1 (Sismo Electromagnético Cuántico). Este hardware permite integrar múltiples señales físicas para detectar y caracterizar acuíferos con una precisión superior al 85%. “Es una tecnología geofísica que integra algoritmos propios y tiene una inteligencia artificial propia entrenada por nosotros”, detalla Jiménez.

Recientemente, la empresa recibió un importante espaldarazo de validación científica al publicarse un artículo sobre algunos de los resultados levantados con esta tecnología, en la revista Applied Computing and Geosciences de la prestigiosa editorial Elsevier. “El paper muestra cómo, a partir de señales sismo-eléctricas medidas desde superficie y modelos data-driven, es posible estimar perfiles verticales de conductividad hidráulica”, explicó Jiménez.
Para el equipo de G-Strata, la tecnología es potente, pero la verdadera ventaja competitiva radica en la información recolectada durante años. Diego Cartes, quien ha sido clave en la escalabilidad del modelo de negocio hacia una plataforma SaaS llamada G-WaterLink, subraya la importancia de este activo. “Son 15 años de levantamiento de datos de terreno que son súper específicos y gracias a esa data se entrenaron modelos inteligentes que actúan en nuestra plataforma”, detalla.

Esta combinación de hardware propio y software predictivo permite a G-Strata transformar datos crudos en información estratégica para clientes del sector público y privado, como la Dirección General de Aguas (DGA) y diversas empresas sanitarias.
Una visión global desde Chile
El salto hacia el mercado internacional no ha sido azaroso. La empresa ha participado activamente en programas de aceleración de clase mundial, incluyendo una inmersión con Draper University, donde trabajaron bajo la mentoría de figuras como Tim Draper. “Estuvimos sumergidos de forma muy intensa en ese importante ecosistema global de innovación que es Silicon Valley”, recuerda Jiménez, quien añade que esta experiencia fue vital para absorber el mindset de la IA aplicada a la tecnología física (Physic AI).
Actualmente, G-Strata se encuentra en una fase de validación internacional. La colaboración con instituciones de renombre como la Colorado School of Mines y la Universidad de Arizona para investigar la sostenibilidad de las aguas subterráneas en Arequipa, Perú, no sólo busca el avance científico, sino la validación de su tecnología ante los ojos del mundo.

Según Cartes, “por mucho que seas exitoso en tu país, cuando llegas a Estados Unidos, llegas siendo prácticamente un don nadie y, por eso, la idea de este estudio con Colorado School of Mines es poder obtener esa validación técnica científica de nivel global”.
Hacia un ‘Google Earth’ del agua
La ambición final de la compañía es clara y de una escala ambiciosa. El objetivo de G-Strata es democratizar y visibilizar el acceso al agua a nivel global. “Nuestra visión global de todo esto es poder convertir todo este sistema en un Google Earth del agua subterránea”, afirma Jiménez. La idea es que, a medida que el sistema SEMQ-1 se instale en distintos puntos del globo, los datos alimenten una plataforma digital unificada, permitiendo un gemelo digital del subsuelo hídrico.

Con un equipo formado por especialistas de diversas disciplinas —desde ingeniería aeroespacial para la integración de imágenes satelitales hasta expertos en redes neuronales—, G-Strata no sólo está resolviendo problemas geológicos. Están construyendo una infraestructura de datos que podría cambiar la forma en que los gobiernos y las empresas gestionan el recurso más crítico para la supervivencia humana.
En un mundo cada vez más sediento, la propuesta de valor de esta empresa chilena se alza no sólo como un éxito de emprendimiento tecnológico, sino como una herramienta indispensable para el futuro de la sostenibilidad global.


