En un acto cargado de simbolismo en Talcahuano, el país dio un paso histórico hacia la soberanía marítima y el desarrollo industrial. El buque, construido íntegramente en Chile, refuerza las capacidades de la Armada, genera empleo de calidad y es un paso más en la consolidación de una política de Estado de largo plazo.
Con aplausos, honores y con el orgullo visible de cientos de trabajadores, el buque multipropósito LPD 93 “Magallanes”, tocó el agua este jueves a las 12:13 horas en el astillero de Asmar Talcahuano. Se trata del primer gran hito del Plan Nacional Continuo de Construcción Naval (PNCCN), una iniciativa estratégica que trasciende gobiernos y posiciona a Chile como un actor con mayor autonomía en el ámbito marítimo-industrial.
El “Magallanes” es la primera de dos unidades del Proyecto Escotillón IV Fase 1 (la segunda será el LPD “Rapa Nui”). Representa una inversión de 410 millones de dólares y fue construido en 46 meses por mano de obra nacional. Con 110 metros de eslora, 21,8 metros de manga, propulsión diésel-eléctrica, velocidad máxima de 17 nudos, autonomía de 30 días y un alcance de 7.000 millas náuticas, la nave está diseñada para operaciones anfibias, transporte estratégico de tropas y carga, apoyo logístico a zonas aisladas, búsqueda y rescate, e asistencia humanitaria en desastres. Actualmente supera el 75% de avance y su entrega operacional está prevista para 2027.
Una política de Estado
El PNCCN no es sólo un programa de defensa: es una política de Estado que impulsa el desarrollo productivo, tecnológico y social de Chile, con especial impacto en la Región del Biobío. Fortalece la soberanía nacional, reduce la dependencia externa, genera empleo calificado, encadenamientos productivos y consolida el polo industrial naval de Talcahuano. Como destacó el director de ASMAR, contraalmirante Miguel Hernández, Asmar, con más de 130 años de historia y 115 cascos construidos, representa una red industrial distribuida que conecta Talcahuano (construcción mayor), Valparaíso y Magallanes, donde en total trabajan 3.300 personas.
En su discurso, el contraalmirante Miguel Hernández enfatizó que la construcción naval es “una herramienta estratégica del Estado”, no un gasto corriente. Sus retornos se miden en horizontes largos: ingeniería operacional, menor dependencia externa, empleo calificado, desarrollo regional y autonomía. “Un país que construye buques mayores no solo produce plataformas para navegar, también forma personas, desarrolla proveedores, fortalece oficios e incorpora tecnología”, señaló y subrayó la continuidad histórica de Asmar y la necesidad de sostener capacidades críticas en un país marítimo.
El presidente José Antonio Kast destacó, luego, el valor estratégico del proyecto para la defensa, el desarrollo tecnológico y la industria nacional. Resaltó que el Plan Nacional trasciende gobiernos y que tendrá que seguir transcendiendo a muchos gobiernos más. Genera “no solamente trabajo, sino tecnología, desarrollo y capital humano”. Elogió el capital humano de Asmar (“lo que vemos aquí ha sido construido por ustedes”) y el simbolismo del nombre “Magallanes”, que evoca audacia y proyección hacia las zonas australes y antárticas. “Nuestro desarrollo está indisolublemente ligado al resguardo de la soberanía de nuestras aguas”, afirmó.
Consultado el senador Gastón Saavedra, miembro de la Comisión de Hacienda de la Cámara Alta sobre las dudas en relación a la continuidad del PNCCN, dada la estrechez fiscal, defendió que el plan tiene un componente estratégico y otro económico-social clave: el empleo de calidad. Y aseguró que “la plata para la Fase 2 del proyecto Escotillón IV está”. Comparó la compra de fragatas usadas (vida útil de 6 años) con la construcción nacional (30 años o más), destacando el know how adquirido. “Este es un viaje sin retorno, un viaje positivo”, para la reactivación económica de la región del Biobío”, dijo.
El acto incluyó la bendición del buque, el bautizo a cargo de la madrina Marcela Larrañaga Martín y el reconocimiento a trabajadores destacados.
Esta botadura marca el paso a la integración de sistemas y pruebas, consolidando uno de los proyectos industriales más relevantes de Chile en defensa.
Este hito no solo fortalece a la Armada de Chile, sino que reafirma la capacidad del país para ejecutar proyectos estratégicos de largo plazo, impulsando innovación, empleo y desarrollo territorial en el Biobío y más allá.





