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Captura industrial de jibia con red de media agua mostró alta selectividad mientras estuvo autorizada

Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura del Senado aprobó la idea de legislar el proyecto que permitiría nuevamente este método de captura

Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura del Senado aprobó la idea de legislar el proyecto que permitiría nuevamente este método de captura en una zona delimitada de las regiones de Ñuble y Biobío, y retomar el procesamiento industrial dinamizando la actividad y ampliando las alternativas de compra para la pesca artesanal.

Los informes de seguimiento del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) muestran que la captura industrial de jibia con red de media agua estuvo mayoritariamente concentrada en ejemplares adultos durante las distintas temporadas en que permaneció autorizada. En 2017, la única temporada en que se cuantificó expresamente la composición por especies de los lances dirigidos, la jibia representó el 99,87% de la captura y la fauna acompañante apenas un 0,13%.

El Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca) dio a conocer estos antecedentes luego de que la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura del Senado aprobara, por cuatro votos a favor, la idea de legislar el proyecto que busca permitir nuevamente este método de captura en una zona delimitada frente a las regiones de Ñuble y Biobío.

La iniciativa, correspondiente al Boletín N.º 18.173-21, se aplicaría exclusivamente a los armadores que contaban con autorizaciones vigentes al 16 de febrero de 2019. No aumenta la cuota global, no modifica el fraccionamiento entre los sectores artesanal e industrial ni permite el ingreso de nuevas embarcaciones.

Una tendencia observada durante varias temporadas

Los resultados de 2017 no constituyen un antecedente aislado. Los monitoreos de IFOP muestran una captura industrial mayoritariamente compuesta por ejemplares sobre la talla de madurez sexual durante distintos años de operación.

El informe correspondiente a 2014 registró que más del 80% de las jibias muestreadas en las capturas industriales estaba sobre la talla de madurez sexual. El mismo documento consignó porcentajes superiores al 95% en 2012 y al 90% en 2013. Para 2015, la proporción de ejemplares maduros superó el 84%, mientras que el análisis de 2016 concluyó que la flota industrial capturó jibias adultas durante la mayor parte del año. En 2017, el porcentaje llegó al 95%.

La información fue recopilada mediante observadores científicos embarcados y complementada con las estadísticas oficiales de Sernapesca. La consistencia de los resultados permite establecer que la presencia mayoritaria de ejemplares adultos fue una característica observada durante varias temporadas y no una condición excepcional de un solo año.

“Los informes de IFOP muestran una tendencia clara y sostenida. Durante distintos años, la captura industrial estuvo compuesta mayoritariamente por ejemplares adultos. No estamos frente a una estimación de la industria ni ante una cifra aislada, sino frente a resultados obtenidos por observadores científicos durante la operación efectiva de la pesquería”, señaló el director ejecutivo de Inpesca, Aquiles Sepúlveda.

Seguimiento y selectividad

A esta evidencia sobre las tallas se suma el Informe Técnico Final de Monitoreo de la Pesquería de Jibia en las regiones IV, V y VIII, año 2017. El seguimiento registró 109 viajes industriales dirigidos al recurso, realizados por cinco embarcaciones, y una captura monitoreada de 16.238 toneladas.

En esos lances, IFOP determinó que la jibia representó el 99,87% de la captura. La principal especie acompañante fue la merluza de cola, con un 0,1137%, mientras que la presencia de merluza común y jurel fue inferior al 0,01%.

“Los antecedentes permiten evaluar la selectividad en dos dimensiones. Por una parte, muestran una captura prácticamente monoespecífica y, por otra, una operación concentrada principalmente en ejemplares adultos. Estos resultados contradicen las afirmaciones de que la red de arrastre de media agua no discriminaba especies ni tamaños”, agregó Sepúlveda.

Inpesca sostuvo que tampoco existen estudios específicos que establezcan una relación causal entre el uso de este arte de pesca y un deterioro de la sustentabilidad de la jibia. La presión extractiva se encuentra determinada por la cuota global definida anualmente sobre la base de la recomendación del Comité Científico Técnico y no por la sola autorización de un método de captura.

Para 2026 se estableció una cuota global de 200 mil toneladas, distribuida inicialmente en un 90% para el sector artesanal y un 10% para el industrial. El proyecto permite que la industria capture su fracción con red de media agua, sin disminuir la participación artesanal ni incrementar el volumen total autorizado.

La adaptación de las naves a poteras fue inviable

La Ley N.º 21.134, conocida como Ley de la Jibia, fue publicada en febrero de 2019 y comenzó a regir seis meses después. La normativa estableció que el recurso solo podía ser extraído mediante potera o línea de mano, dejando fuera de la pesquería a las embarcaciones industriales del Biobío que operaban con red de media agua.

Durante la discusión legislativa se planteó que la flota industrial podría adaptarse al uso de poteras. Sin embargo, la experiencia posterior mostró que esa alternativa no era técnica ni económicamente viable para naves construidas para otro sistema de operación.

El pesquero de alta mar Leopardo fue adaptado mediante una inversión cercana a los US$2 millones. Pese a ello, durante todo 2020 capturó solo 13,6 toneladas, frente a rendimientos anteriores de entre 70 y 100 toneladas por viaje con red de media agua.

La reconversión fue presentada como una solución posible, pero la única experiencia concreta demostró lo contrario. El resultado no permitió sostener una actividad productiva y ninguna otra embarcación industrial pudo desarrollar una pesca dirigida a la jibia mediante poteras”, explicó Sepúlveda.

Más procesamiento y alternativas para la pesca artesanal

La exclusión de la flota industrial también redujo la disponibilidad de materia prima para las plantas del Biobío. Tras la entrada en vigencia de la ley, cerraron seis líneas de procesamiento de jibia, disminuyeron las operaciones de la flota vinculada a esta pesquería y se perdieron aproximadamente 1.700 empleos directos en plantas y embarcaciones.

La reducción de la capacidad de procesamiento no afectó únicamente al sector industrial. Antes de 2019, las plantas industriales procesaban alrededor del 70% de las capturas artesanales de jibia en la región. Su cierre disminuyó el número de compradores disponibles y concentró la demanda en una menor cantidad de instalaciones.

Para Inpesca, la recuperación de líneas de proceso permitiría reactivar empleos y servicios asociados, pero también generaría mayor demanda y nuevas alternativas de comercialización para los pescadores artesanales, sin transferirles cuota ni modificar sus derechos de captura.

“No estamos planteando una competencia por la cuota artesanal. Recuperar capacidad de procesamiento puede aumentar el número de compradores y fortalecer una cadena productiva en la que participan ambos sectores”, sostuvo Sepúlveda.

El director de Inpesca concluyó que los siete años transcurridos desde la entrada en vigencia de la ley permiten revisar sus supuestos a partir de evidencia y resultados concretos.

“La información disponible muestra que la captura con red de media agua fue selectiva, que la adaptación de las naves a poteras no resultó viable y que la pérdida de capacidad de procesamiento redujo las alternativas de compra para la pesca artesanal. El debate legislativo debe considerar estos antecedentes y corregir una restricción que impide utilizar la fracción industrial sin entregar beneficios adicionales al cuidado del recurso”, concluyó.

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