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Menor generación eléctrica y caída de la industria manufacturera marcaron el desempeño regional, en contraste con el crecimiento del consumo de los hogares, según el último informe de PIB Regional del Banco Central.
La Región del Biobío cerró el tercer trimestre de 2025 con una contracción de 4,2% en su Producto Interno Bruto Regional (PIBR), ubicándose entre las regiones con peor desempeño económico del país en el período, de acuerdo con las cifras preliminares entregadas por el Banco Central en su informe de Cuentas Nacionales Regionales.
El resultado se enmarca en un contexto nacional donde once de las 16 regiones lograron expandir su actividad económica, contribuyendo a un crecimiento de 1,6% del total de la economía chilena. Sin embargo, la macrozona Centro Sur —que incluye a O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío— presentó la mayor incidencia negativa a nivel país, reflejando un escenario de desaceleración más marcado en este territorio.
Energía e industria explican la caída regional
El retroceso del Biobío estuvo principalmente asociado a una menor disponibilidad de agua para la generación eléctrica, lo que impactó negativamente al conjunto del denominado “resto de bienes”. A ello se sumó la caída de la industria manufacturera, con incidencias relevantes provenientes de la industria pesquera y de la producción de celulosa, dos sectores históricamente estratégicos para la economía regional.
Estos factores estructurales explican gran parte del desempeño negativo del Biobío, en un trimestre marcado por condiciones climáticas adversas y menores niveles de actividad en rubros intensivos en recursos naturales.
No obstante, el informe también identifica elementos que amortiguaron parcialmente la caída, destacando el crecimiento de los servicios personales, que aportaron positivamente al resultado regional y reflejan una mayor demanda por actividades asociadas al bienestar, atención y consumo local.
Consumo de los hogares
En contraste con la contracción del PIB regional, el consumo de los hogares en el Biobío registró un aumento de 0,9%, lo que evidencia una resiliencia moderada de la demanda interna. Este crecimiento fue explicado principalmente por el mayor consumo de servicios, seguido por el gasto en alimentos, bebidas, vestuario y calzado, correspondientes a los bienes no durables.
El comportamiento del consumo resulta consistente con la tendencia observada a nivel nacional, donde todas las regiones mostraron incrementos en este indicador, aportando a un crecimiento de 2,9% del consumo de los hogares en el país durante el trimestre.
Biobío en un escenario regional desafiante
El desempeño del Biobío contrasta con el de Ñuble, región vecina que logró un crecimiento de 1,8%, impulsado por los servicios personales y la industria manufacturera, particularmente la producción de celulosa y alimentos. A nivel de la macrozona Centro Sur, tanto Maule como O’Higgins también registraron caídas de 3,3%, consolidando un trimestre complejo para el centro-sur del país.
Menor ingreso y empleo
Daniela Catalán, académica de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno de la Universidad San Sebastián, afirmó que “como consecuencia, se ha visto un menor ingreso y empleo en la región. Además, la dependencia de agua y energía evidencia la vulnerabilidad de la actividad productiva frente a factores climáticos y naturales”.
“La disminución de la actividad manufacturera en la región del Biobío está fuertemente relacionada con la escasez hídrica, ya que la menor disponibilidad de agua afecta tanto la generación eléctrica como los procesos productivos de industrias clave como la celulosa y la pesquera, lo que termina impactando negativamente en la economía regional”, apreció.
Los factores que repercuten
Renato Segura, académico de la Universidad Técnica Federico Santa María, afirmó que al menos tres son los factores que han incidido con mayor fuerza en la caída de la actividad económica. El primero es la generación hidroeléctrica. Las mayores centrales se encuentran en las regiones de O’Higgins, Maule y Biobío. Las tres tuvieron desempeños negativos.
El segundo corresponde a la actividad forestal, epicentro de la actividad económica de Biobío. Esto ha impactado negativamente al sector de exportaciones. Y el tercero, corresponde al déficit de inversiones para compensar la menor actividad de la industria manufacturera.
Proyectó que la recuperación en el 2026 será compleja, toda vez que los mayores precios del cobre afectan negativamente a los sectores exportadores no minerales, lo que impacta directamente a la actividad económica en Biobío. “Reactivar el sector industrial de la mano del auge de la minería, generar incentivos para la atracción de inversiones en sectores con mayores ventajas comparativas y encadenar los sectores con mayor actividad económica con las pymes locales. Pueden contribuir en acortar los plazos de recuperación. La economía debiese a finalizar su ciclo contractivo a partir del segundo semestre de 2026”, cerró.
Freno significativo y desindustrialización de la región
Carlos Smith, economista del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad de la Universidad del Desarrollo, advirtió un freno significativo en la economía regional, marcado principalmente por la caída de la generación eléctrica y el impacto cada vez más visible del cese de operaciones de Huachipato.
“El cierre no solo afecta a lo que se producía directamente, sino también a todo el empleo indirecto e inducido que se generaba a su alrededor. Estamos empezando a sentir ese impacto con más fuerza”, explicó.
Según Smith, la región enfrenta un proceso de desindustrialización, donde sectores como la celulosa y el papel continúan aportando a la economía, aunque con menor impulso, mientras que la manufactura metálica arrastra los indicadores hacia terreno negativo. A esto se suma un escenario de debilidad general en otros sectores productivos, que hoy se muestran cautelosos y sin un crecimiento vigoroso.
En este contexto, el economista destacó que algunos rubros de servicios —como los servicios personales, la educación y la salud— han logrado amortiguar parcialmente el impacto económico. “Estamos viviendo un cambio estructural: la economía regional crece en servicios, mientras la manufactura tiende a achicarse”, señaló.
Smith agregó que la creciente incorporación de inteligencia artificial en los procesos industriales es una tendencia silenciosa que también está transformando el empleo y la productividad. “Esto refuerza la necesidad de generar más conocimiento, educación y productividad, porque quienes no logran adaptarse quedan rápidamente fuera del mercado laboral, con mayores dificultades para encontrar trabajo”, advirtió.
Finalmente, indicó que este escenario representa una mala señal para la región, especialmente al coincidir con las cifras de desempleo conocidas recientemente, configurando un panorama económico complejo y desafiante.


